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| Lagar de Fonciello visto desde su parte frontal |
Si hay un sitio que funciona a modo de templo para la cultura de la sidra, esos son los llagares. Aunque también es cierto que no nos podemos olvidar de los chigres, bares para el resto de españoles. Para los que no estén muy familiarizados con el argot sidrero debemos explicar que los llagares son el lugar donde se lleva a cabo todo el proceso que transforma la manzana en esa magnífica botella de sidra que luego todos disfrutamos.
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| Logo de Sidra Muñiz en la fachada principal de su lagar |
El número de llagares que hay en Asturias es prácticamente incalculable, pero hay zonas especialmente representativas y se sitúan en su mayoría en la zona centro de la comunidad. Los concejos de Siero. El concejo de Siero, con su concentración principal en el pequeño pueblo de Tiñana, el concejo de Nava y en menor medida el concejo de Gijón son los puntos donde mayor número podemos encontrar. Precisamente en Tiñana se emplazan muchos de los más conocidos en la geografía asturiana. Comenzando por el emblemático Arbesú, pasando por El Llagar de Quelo, Muñiz... y así hasta alcanzar un número muy elevado para un población que ni siquiera llega al millar de personas. Todos ellos han conseguido en los últimos años premios de gran importancia en algunos de los festivales de sidra más importantes que se celebran cada verano en diferentes poblaciones. Uno de los socios de Sidra Muñiz nos decía que "ahora el mundo de la sidra está un poco bajo, pero Tiñana siempre ha contado con una fuerte tradición sidrería y nosotros debemos seguir luchando para que esto se mantenga así. La situación es difícil, pero nosotros estamos convencidos que esto volverá a funcionar como hacía anteriormente".
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| Fachada principal del Llagar Arbesú |
El ambiente que se respira cada vez que se respira cuando uno pone sus pies en un lagar es completamente indescriptible. La gente que se dedica a este mundo tiene un don especial de gentes y te hacen sentir como en tu casa aunque sea la primera vez que estés allí. El dueño de Sidra Arbesú, que supera los ochenta años, y aún así continúa todavía entregado por completo a este mundo, relataba algunas de las historias que había vivido durante los años de mayor auge de este sector. Fiestas entre amigos, reuniones que se acababan alargado hasta altas horas de la madrugada y canciones asturianas siempre amenizando todo... Los lagares son para esta gente, lo mismo que el templo para las religiones.



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